En esta publicación daremos a conocer más cosas sobre este fantástico libro que nos ha mandado a leer el profesor de lengua y literatura.Su autor se llama Alfredo Gómez Cerdá.
Resumen de la obra:
Noche de alacranes es una historia basada en los sucesos de la post-guerra civil española, en la cual una muchacha conocida como Delgadina, cuyo nombre real era Catalina Melgosa, se vio involucrada por el interés que sentía de ayudar a Emilio Villarente por sobre los ideales de justicia, libertad y democracia en un país que estaba siendo dominado por la dictadura Franco.
El relato comienza cuando Catalina no encontraba acomodo en ningún lugar, ni siquiera en la butaca que había comprado su marido Lucien (el francés) a un hombre que demoró seis meses en fabricarla ya que según éste, eran diseños creados y construidos por sí mismo. Es aquí donde recibe una llamada del profesor Julio Cega, quien la había invitado a una conferencia para que la mujer pudiera hablar de su participación con los del monte cuando era una adolescente, o cómo prefería decir ella zagales.
Al día siguiente, el profesor llega a buscarla hasta su casa y en el trayecto hablan sobre la juventud actual que es muy diferente a lo que ellos eran en sus tiempos. Al llegar al instituto al cual había sido invitada, se saludó con la directa y juntas, en compañía del profesor, platicaron mientras comían pasteles. Cuando empezó la conferencia, una alumna leyó una carta en representación al instituto y un alumno le entregó un ramo de rosas.
Durante la conferencia, rememora sucesos de su niñez. Recordaba a su madre, de la cual admiraba su sabiduría y su conocimiento en flores que servían para curar. Recordaba una conversación, en la cual ella le decía que estaba bastante delgada, pese a que no tenían mucho que comer. Entonces recordó el día en que los guardias llegaron a su casa y revisaron todo. Se llevaron a su madre y a su hermano Tadeo. Sin embargo, a ella no se la llevaron porque era solamente una niña. En ese tiempo sola, se hizo cargo de su casa. Cavaba la mísera huerta, ordeñaba a la vaca y caminaba con un cántaro 10 km. hasta la casa del médico para vender la leche. Se ocupó de las gallinas, preparaba diariamente la comida y siempre ponía tres platos y tres cubiertos sobre la mesa. Un mes después, vio regresar a su madre completamente desnuda y con la cabeza afeitada. Su hermano tenía la cara amoratada, cojeaba al andar y les dijo que la comida estaba lista.
Cuando terminó la conferencia, los periodistas invitados hicieron sus respectivas preguntas y le tomaron muchas fotografías, entonces ella piensa cuando conoció a Emilio en la fiesta de San Roque. Él estaba con varios amigos y la observaba, de lo cual se percató su mejor amiga Dolores. Emilio era un joven tímido, pero sacó a bailar a Catalina y estuvieron así todo lo que duró la fiesta, hasta que se despidieron por la noche frente a una fuente y éste le pidió un beso. Catalina aceptó y besó su mejilla.
A su mamá no le gustaba tener espejos en la casa después de lo sucedido con los guardias, por lo que rompió un espejo del cual Catalina pudo guardar un triángulo para poder mirarse. Ese mismo día partió por el valle a buscar fresas silvestres para su familia, cuando se encontró con un rió y pudo observarse a sí misma. Miró su cuerpo, delgado, al cual se le notaban las costillas, unos pechos pequeños que aún no se desarrollaban y se entró en el agua. Al regresar a casa, encontró a su hermano, quien le dijo que mejor no se acercara a Emilio y le contó su decisión de irse con los del monte.
El día domingo asistió a misa porque el cura entregaba a los guardias los nombres con los inasistentes y se encontró con Emilio quien montaba en bicicleta. Catalina se subió a la bicicleta y Emilio se echo a andar con ella abrazada a su cuerpo y se detuvieron frente a un río, en donde había un molino destruido durante la guerra. Hablaron sobre que sus familias no querían que estuvieran juntos y él le contó que le mentía a sus padres para ir a verlos. Se despidieron donde siempre, en la fuente. En la cual él le dijo que le había puesto nombre pero no se lo diría hasta su siguiente visita. Entonces Catalina descubrió que su nombre sería La fuente de los besos.
Mientras su hijo le contaba cómo era el reloj que le había regalado, recordaba una conversación con Dolores, en la cual discutían por cual de las dos era más valiente. Dolores le habló sobre sus barruntos, en los cuales había descubierto que Catalina se iría del pueblo y que pasarían años sin verse. El día en que volverían a verse fue para el entierro de su madre, en el cual había ingresado ilegalmente a España con ayuda de Raymond (quien la ingresó al país como su esposa y que era conocido de Lucien) y Toribio, quien la acompañó como chofer.
Cuando se había mudado definitivamente a una provincia de España, encontró la Zapatería Emilio Villarente. Pensó en entrar, pero no quiso encontrarse con él, así que entró a un café que había frente a la zapatería y pidió un café con leche. Al rato después, escuchó que el camarero saludaba al nuevo cliente, quien sería él, Emilio. Y así siguió su vida, asistiendo a ese café y observando a su primer amor, el cual no la reconocería hasta el final del libro.
Mientras abría una caja de galletas normandas, observó los recuerdos que allí dentro guardaba. Tomó una piedra negra. Esa piedra negra se la había encontrado cuando subió a los prados y sintió que alguien la llamaba, era su hermano Tadeo, quien le asignó una tarea. La tarea consistía en que al día siguiente Catalina volvería al mismo lugar y caminaría hasta encontrar la piedra negra, luego daría cuatro vueltas al monte y subiría un árbol, en el cual encontraría una bolsa que debía llevar cuidadosamente donde Alquilino.
Cumplió con la tarea y la finalizó devolviendo el sobre por parte de Alquilino, el cual tuvo que llevar a los prados pero esconder siempre en distintos lugares. Así fue como por un tiempo estuvo en constante contacto con su hermano, el cual le dijo que seguía con ese y que su padre era un estraperlista (persona que vende los alimentos que entrega el gobierno para el pueblo).
Sale nuevamente con Emilio a observar el valle en donde vivían en un collado. Allí él saca una tableta de chocolate belga, el cual comen juntos y que adentro traía un cromo con pirámides de Egipto. Le contó a Catalina sobre Egipto y ella no podía creer que existiera un lugar como ese ni menos cosas tan grandes como las pirámides, puesto que no sabía leer ni escribir, geografía ni aritmética porque cuando tenía que entrar a la escuela había llegado la guerra. Ambos pelearon ese día porque Catalina le contó lo que había escuchado de su padre y Emilio se defendió diciéndole que el suyo estaba en la cárcel, pero Catalina dijo que no era por ladrón ni asesino. Pero se reconciliaron.
El Domingo, Catalina se encontraba nuevamente en el Collado y su amiga Dolores llega a avisarle que Emilio había sido secuestrado y que Alquilino le mandaba a decir que se cuidara y no regresara al pueblo porque los guardias la estaban buscando porque la creían la responsable del rapto. Su amiga le pidió que se fuera a esconder a la choza del rayo y que no saliera de ahí porque ella le llevaría comida y mantas. Catalina obedeció, se dirigió a la choza del rayo pero decidió regresar al pueblo y dar la cara. Sin embargo, cuando estaba llegando al pueblo se escondió tras un matorral y pudo ver cómo los guardias se llevaban a un grupo de personas de todas las que habían reunido en el pueblo y que entre ellas estaba su madre. Tras eso, supo lo que era el pánico, el terror y el miedo. Regresó a la choza del rayo. Dolores había cumplido su palabra. Catalina le dijo a su amiga que buscaría a los del monte para poder ver a Emilio y decirle que ella no había sido parte del secuestro, quería que le creyera. La amiga aceptó la decisión de Catalina luego de alegar y le dijo que se haría cargo de su casa, de vender la leche y de cuidar a su mamá cuando volviera.
Catalina se echó a andar a la mañana siguiente pero caminaba sin rumbo algo, ya que los del monte estaban escondidos siempre vigilando por distintos lugares, pero esperaba que su hermano la encontraba como lo hacía siempre. Esta vez la encontró El Andaluz, un gallego que había llegado de Andalucía (motivo del nombre) y que era parte de los del monte. El Andaluz no muy convencido la lleva donde Tadeo en la cabaña en la que estaban viviendo. Al llegar se encuentra con los otros tres del monte, Tirso (un profesor), Cundo y su hermano. Tirso era el que mayor influencia tenía sobre el grupo, por lo que gracias a él Catalina pudo quedarse y luego que Tadeo respondiera por ella.
Catalina era una adolescente fuerte, que decía las cosas que pensaba (a diferencia de la gente de su pueblo que no demostraba emociones ni mucho menos lo que pensaba). Tirso, el profesor, le puso de nombre Delgadina, en honor a una historia de romance triste. Lo único que le contó a la niña de la historia fue que se trataba de la tercera hija de un rey que era muy delgada y se parecía a ella. El profesor le enseñó a leer ya que si no hubiese sido por su culpa tras haberse ido del pueblo, Catalina hubiese sido su alumna y hubiese aprendido todas las materias. Aprendió a leer y a escribir, pero no lo suficiente.
Las primeras visitas que hizo a Emilio fue escoltada por Tirso y a veces por Tadeo. En su primera visita le pidió a Emilio que le creyera, pero éste le dijo inmediatamente que creía en ella. Ambos se besaron y conversaron. Así fueron las siguientes visitas de Catalina, ambos conversaban y ella le insistía en que lo ayudaría a ser libre. Él le pedía que cuando fuera libre se fueran juntos, pero ella sabía que la atraparían y que por mucho que Emilio negara que había sido culpa de ella, los guardias la torturarían y le quitarían los dientes con una pinza, como una vez le dijo su hermano.
Pasó más de un mes y Catalina seguía con los del monte, ella se encargaba de Emilio y ya podía ir sola a verlo. Su carácter decidido había hecho que los cuatro hombres del monte accedieran a las cosas que pedía, como jabón, navaja para afeitar a Emilio y alimentos frescos para llevarle. Emilio a duras penas comía, pues no sentía hambre desde que había sido secuestrado y Catalina lo obligaba a comer.
Catalina buscaba la manera de conseguir los elementos que escondía El Andaluz para liberar a Emilio, quien tenía atado a su tobillo una cadena, por lo que fue a conversarle durante su turno de vigilancia en la noche. Este le contó que resistía el sueño gracias a sus noches de alacranes, las cuales había conocido cuando trabajaba en una cantera en Andalucía, había muchos alacranes y le explicó qué tipo de bichos eran. Entonces le dijo que si no quería dormir, imaginaba que estaban entre sus pies y que de solo pensarlo se le quitaba el sueño.
Pasado el mes, volvieron a tener una conversación. Esta vez Catalina le preguntó qué animal le gustaría ser y El Andaluz respondió que un alacrán, entonces le contó que los alacranes viven en las grietas de la tierra y que sus compañeros en Andalucía para matarlos los rodeaban de gasolina para prenderles fuego. Pero que estos bichos, al verse sin salida, se picaban así mismo y morían por su propio veneno. Lo que él haría si llegaban a rodearlos los guardias, dispararse en la cien. Y esa noche, Catalina obtuvo la respuesta de dónde sacar la maza y el cortafrío, de la grieta de una roca de gran tamaño que estaba cerca de la cabaña.
A la mañana siguiente Catalina salió en búsqueda de los elementos necesarios y cumplió su cometido. Decidió ir al lugar donde tenían a Emilio pero por un camino diferente para no dejar huellas. Tras muchos intentos con la maza y el cortafrío, logra romper la cadena que une el tobillo del muchacho con una roca y lo ayuda a escapar ya que el tobillo se encontraba en pésimas condiciones. Lo deja en un camino que él conocía para regresar a su casa y él promete no contar nada. Se despiden con un beso y Catalina regresa a la cabaña de los del monte.
Allí ya se sabía todo lo que había echo Catalina y Cundo dijo que por traicionar las reglas deberían matarlas, pero ella se defendía diciendo que Emilio no contaría nada, que era una de los del monte. Tirso la defendió y calmó las aguas. Así que decidieron marcharse de la cabaña por la parte alta del monte, lugar donde se encontraron con los guardias que tanto los habían buscado. Comenzó un tiroteo entre ambos bandos, pero los del monte se escondieron tras una roca y acordaron que atravesarían lo que quedaba de camino para escapar. Los únicos que se encontraron luego de cruzar el campo de tiroteo, fueron Tirso y Catalina, pero Tirso había sido herido y le dijo que continuara sola, que él se quedaría a defender su causa y que Tadeo había escapado hacia el oeste, camino a América, a donde quería ir a refugiarse. Tirso le mostró en un mapa que le había dado a Delgadina el camino que debía seguir para llegar a Francia y ser libre, pero antes, debía ubicar a Isaac el Tuerto en un pueblo.
Camino al pueblo que nunca encontró, Catalina caminó sola por días, fatigada y exhausta. Hasta que la encontró Desideria, una campesina que creía en la causa de la muchacha. Ella la alimentó y cuidó por un tiempo, también le contó lo conocida que era y todo lo que se había dicho de ella. Delgadina era famosa por ser la única mujer de los del monte, se decía que manejaba armas y podía dispararle a un guardia a cien metros y herirlo. Catalina, ya confiando en ella, le dijo que debía buscar a Isaac el tuerto en un pueblo y Desideria le dijo que ella lo haría. Una mañana, Isaac fue a buscarla y se la llevo. Le dijo que la ayudaría a escapar a Oviedo y que luego otros enlaces la llevarían a Francia.
Recordó el momento en que los guardias de Oviedo le pidieron los documentos e Isaac sacó una billetera. Dos guardias lo revisaron, entonces Isaac se lanzó contra ellos y le grito a Delgadina que huyera. Justo venían dos buses, así que ella pudo escapar por la frontera con suerte para llegar a Toulouse.
Catalina ya dejando de lado el pasado, decide ir a la cafetería, nerviosa de que Emilio la reconociera en los diarios. Camino al lugar, pudo ver que al contrario como pensaba ella, su noticia había sido la portada del periódico, por lo que pensó en regresar a casa y ocultarse por semanas, pero desistió. Allí pidió un café con leche, y al rato el mesero le entregó una tableta de chocolate. Sintió la voz de Emilio tras suyo y ella no pudo contener las lágrimas, estuvieron conversando, Emilio le dijo que nunca la delató, que la trampa había sido preparada desde hace mucho antes que lo dejara escapar. Le contó que había viajado por todo el mundo, excepto por Egipto. Y le pidió que fueran juntos, tal como lo habían prometido en un pasado. Catalina no respondió, solo le llamó loco.
Y así conversaron toda la mañana, hasta salir del local y ver a un grupo de jóvenes pasar.
El profesor de lengua y literatura ha concertado una entrevista con don Alfredo Gómez Cerdá para que nosotros, los alumnos, podamos hacerles preguntas acerca de su libro, titulado, Noche de Alacranes.
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